
De la fábrica a la banca: la autogestión ceramista como trampolín político
Sofia Seirgalea
Las cerámicas autogestionadas de la provincia volvieron a estar en el centro de la polémica. Este lunes, las plantas Fasinpat (ex Zanon), Confluencia y Cersinpat amanecieron sin suministro de gas por decisión de Camuzzi Gas del Sur, afectando gravemente la producción. El caso más crítico fue el de la ex Zanon, que tenía su horno en funcionamiento al momento del corte.
Desde el Sindicato Ceramista de Neuquén, históricamente vinculado al Frente de Izquierda, se denunció públicamente que no existía deuda con la distribuidora. Sin embargo, la documentación oficial desmintió esas afirmaciones: Camuzzi notificó que existe un desbalance operativo acumulado de más de 12,6 millones de metros cúbicos, cuya regularización fue comprometida por la propia cooperativa en una nota firmada el 24 de abril. Es decir, los dirigentes sabían de la deuda y sus consecuencias.
Un modelo que no funciona
Desde la expropiación de Zanon en 2001, las cerámicas gestionadas por sus trabajadores han contado con un amplio respaldo político y social, fundamentado en un relato de lucha obrera, resistencia y autogestión. Sin embargo, dos décadas después, el resultado dista mucho de ser exitoso.
Solo entre 2021 y 2024, el Estado destinó más de 470 millones de pesos actualizados en subsidios y compras directas para sostener las plantas. Los aportes provinieron del Ministerio de Trabajo, el Instituto Provincial de Vivienda y Urbanismo (IPVU) y, recientemente, de fondos provinciales asignados a la “reactivación productiva”.
A pesar de ello, la situación estructural de las fábricas no mejora: maquinaria obsoleta, infraestructura deteriorada y niveles de producción mínimos o inexistentes.
El salto de la cerámica a la política
En este contexto, algunos referentes ceramistas como Raúl Godoy y Andrés Blanco lograron capitalizar políticamente el conflicto. Ambos, dirigentes del PTS-Frente de Izquierda, ocuparon bancas en la Legislatura neuquina y continúan activos en la militancia política.
La paradoja es evidente: desde el discurso denuncian al Estado y el sistema, pero sus proyectos dependen de los recursos estatales que critican. Las cooperativas que representan tienen deudas con CALF, Camuzzi y otros proveedores, mientras sus líderes piden más subsidios desde sus cargos públicos.
Subsidios sin productividad: ¿quién gana?
Según la Asociación de Comercio, Industria, Producción y Afines de Neuquén (ACIPAN), el Estado provincial ha destinado más de 300 millones de pesos actualizados desde 2001 a estas cerámicas. ¿No fue suficiente para consolidar un modelo productivo autosustentable?
El círculo vicioso es claro:
El Estado subsidia.
Los dirigentes protestan.
Las fábricas no producen.
La deuda crece.


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