
Cervi se sube al éxito neuquino, pero las obras las ejecuta la Provincia
Esmeralda LopezNeuquén volvió a mostrar que, en un contexto de recorte nacional, el eje de la discusión política se traslada a un terreno concreto: las obras. El cruce entre el senador Pablo Cervi (La Libertad Avanza) y el diputado provincial Francisco Lépore (La Neuquinidad) terminó funcionando como telón de fondo de una disputa mayor: quién se atribuye el “buen presente” de la provincia y, sobre todo, qué gestión aparece detrás de los hechos.
Desde el oficialismo provincial, la respuesta buscó correrse del debate abstracto sobre RIGI y Ley Bases para colocar en primer plano un argumento de gestión: Neuquén sostiene un esquema de inversión pública con recursos propios para sostener infraestructura y servicios, aun cuando Nación redujo transferencias y dejó obras frenadas. En esa línea, Lépore remarcó que las políticas nacionales son iguales para todas las provincias y que, si Neuquén logra destacarse, es por su capacidad de ejecución en el territorio.
En el corazón de esa narrativa aparecen obras visibles y de alto impacto social. La provincia exhibe avances en rutas, hospitales y escuelas como una señal de continuidad estatal en momentos de incertidumbre económica. La inauguración de una escuela en Caviahue, mencionada en la respuesta del legislador, fue utilizada como ejemplo de obra provincial terminada con fondos propios, en plazos acotados y con estándares de calidad que el gobierno busca mostrar como marca distintiva de la gestión.
A ese paquete de infraestructura se suma una obra de perfil más específico pero con fuerte carga simbólica: la pasarela en el área de Cuyín Manzano, un proyecto esperado por décadas por pobladores de una zona aislada. La autorización para avanzar en ese punto fue presentada como un resultado de gestiones provinciales y como parte de una agenda que pretende resolver demandas históricas con intervención directa del Estado neuquino.
El mensaje que se intentó instalar es simple: cuando se discute quién beneficia a Neuquén, la provincia responde con hechos medibles en el territorio. En ese marco, la obra pública aparece no sólo como política de infraestructura, sino como herramienta de ordenamiento social, conectividad y garantía de derechos básicos, especialmente en localidades del interior donde una ruta, una escuela o un hospital impactan de manera inmediata.
Así, el debate político queda reencuadrado: más allá de la disputa entre espacios, el oficialismo provincial busca sostener que la diferencia neuquina no se explica por un relato nacional, sino por una gestión que prioriza ejecución, presencia y obra terminada como forma de legitimidad.




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