
Venezuela avanza en la producción de drones militares con apoyo de Irán
Esmeralda Lopez
En plena tensión geopolítica con Estados Unidos, Venezuela avanza en la fabricación de drones militares con la colaboración de Irán. Este desarrollo tiene lugar en la Base Aérea El Libertador, ubicada en el estado Aragua, una instalación de alto valor estratégico para el país sudamericano. La alianza con Irán no es nueva, pero la construcción de una fábrica de drones marca un hito en el avance tecnológico y militar del régimen de Nicolás Maduro.
El vínculo entre Venezuela e Irán se remonta a los tiempos de Hugo Chávez y abarca áreas clave como la seguridad y defensa. Desde 2022, Venezuela ha presentado modelos de drones como el ANSU-100, una versión modernizada del Mohajer-2 iraní. Además, produce el Arpía 1 para vigilancia fronteriza, el Mohajer-6 para reconocimiento y ataque, y el Zamora V-1, un dron kamikaze de diseño iraní. Todos ellos se ensamblan y almacenan en el Grupo Aéreo de Inteligencia dentro de la base.
La Base Aérea El Libertador, también conocida como base de Palo Negro, es la más grande del país. Creada mediante resolución N.º 707, ha sido sede de una amplia variedad de sistemas aéreos, desde el F-86 hasta el Mirage y el F-16. Además de su uso operativo, alberga áreas de mantenimiento, electrónica, formación y logística militar, consolidándola como un núcleo vital de la industria aeronáutica venezolana.
En 2020, el gobierno venezolano creó EANSA (Empresa Aeronáutica Nacional) con el objetivo de diseñar, fabricar y mantener aeronaves y satélites, incluyendo vehículos aéreos no tripulados. La empresa está compuesta en un 80% por CONVIASA y en un 20% por el Ministerio de Defensa. Esto refuerza la hipótesis de que el foco no es científico, sino estrictamente militar.
Durante 2025, se inició un proyecto de ampliación de 185 hectáreas en la Base Aérea El Libertador, lo que sugiere una mayor capacidad de producción de drones. El gerente de Conviasa, César Pérez, calificó la obra como un cambio “histórico” para el país, permitiendo fabricar drones tanto de entrenamiento civil como militar, consolidando la presencia de Irán en Venezuela.
Este avance tecnológico y militar no solo representa un paso más hacia la autosuficiencia bélica de Venezuela, sino también un nuevo nivel de influencia para Irán en el hemisferio occidental. La alianza permite a Teherán acceder a recursos estratégicos venezolanos, mientras que Maduro consolida una industria de defensa nacional, lo que podría alterar el equilibrio regional y activar alertas diplomáticas en las democracias latinoamericanas.


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